1. El otro huachicol
Durante años, el término huachicol evocaba imágenes de tomas clandestinas, ductos perforados y operativos militares. Pero hoy, el verdadero drenaje financiero del Estado mexicano proviene de otra fuente: el huachicol fiscal, la evasión sistemática del IEPS (Impuesto Especial sobre Producción y Servicios) y el IVA (Impuesto sobre el Valor Agregado) en la importación y comercialización de combustibles.
El impacto es monumental. De acuerdo con estimaciones recientes, el país perdió 32,300 millones de dólares, equivalentes a 600 mil millones de pesos —aproximadamente el 1% del PIB nacional—. Con ese monto se podrían financiar 12 líneas del Tren Maya, 30 hospitales de alta especialidad o todo el programa de pensiones para adultos mayores durante un año.
2. La mutación del huachicol
Hasta 2018, el robo se centraba en los ductos de Pemex. Sin embargo, con el fortalecimiento de la vigilancia física, el fenómeno migró a las aduanas. Desde 2019, la manipulación de facturas y la subvaluación en importaciones sustituyeron la toma clandestina por el fraude fiscal. El huachicol tradicional cedió su lugar al huachicol fiscal, mucho más rentable, discreto y difícil de rastrear.
3. El caso del diésel: la gran fuga invisible
El contrabando de diésel alcanzó en promedio 43.7 mil barriles diarios, es decir, uno de cada diez litros consumidos en el país provino del mercado ilegal. El punto más alto se registró en 2021, con 88 mil barriles diarios, lo que representó 30% del consumo nacional.
El impacto fiscal total entre 2019 y 2024 asciende a 6,700 millones de dólares, desglosados en:
– 2,560 millones de dólares por IVA.
– 4,170 millones de dólares por IEPS.
Cuando el gobierno redujo el IEPS en 2022 y 2023, el incentivo para evadirlo se desplomó y, con ello, también el contrabando. La ecuación fue simple: sin diferencial fiscal, el huachicol deja de ser negocio.
Lee el artículo completo aquí